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“Se aprende mucho de tipos como Eladio, pero en sus anécdotas hay más de leyenda que de realidad”

Han pasado ya casi diez años desde que Pulga, Jaime Palacios Jean-Mairet (Madrid, 1984), levantara algunas cejas entre los más suspicaces cuando acudió a entrenar enseñando su currículum, entrenador de baloncesto en el Liceo Francés y una suerte de emisario de Borrascas. 

“Al principio, cuando llegué al club con un amigo que también venía del Liceo, Miliko y Pitel no se fiaban de nosotros. Tuvimos que entrenar bastante antes de que nos dijeran las claves de la touch”, rememora entre risas un Pulga que poco necesitó para disipar cualquier atisbo de duda acerca de sus verdaderas intenciones y de sus cualidades, pese a ser todo un neófito. 

“En el tercer equipo se hablaba mucho pero luego andábamos todos muy perdidos por lo que me puse al día rápido y como era más joven que la mayoría, sabía pasar más o menos el oval y no había nadie para jugar de apertura me pusieron a jugar de 10 antes de final de temporada”.

Aunque para alguien “con muy poco nivel” los inicios fueron como los de “tanta gente”, banquillo y con suerte veinte minutos en el ala. Por entonces, cuenta, se hacía mucho físico en los entrenamientos del tercer equipo y apenas se manejaba el balón por falta de espacio, “compartíamos el campo tres equipos, nosotros, el femenino y los juveniles”

No obstante, recuerda aquellos años “con mucho cariño”, entendemos que la irrupción de todo un clásico de Hortaleza como Eladio ayudó a cuadrar tal sentimiento, “se aprende mucho de los ‘viejos’ aunque la mitad de sus anécdotas sean más leyenda que realidad”.

Tras aquello, celebra haber podido tener la oportunidad antes de poner rumbo a la coqueta Lausana de jugar “mucho” durante los mejores años del Rojo, y claro, “algo” también en el Negro, aunque, matiza, “tampoco hay que engañarse, con el físico que tengo y lo poco que placaba era poco realista pretender jugar en el primer equipo”.

Sin ataduras, más allá de las del XV, que le sujetasen a la capital, cogió los bártulos y marchó para Lausana, una bucólica localidad suiza, situada cerca de la frontera con Francia. “Es una ciudad muy pequeña, pero bien organizada” y aunque asegura que se parece a Madrid en cuanto al clima, de momento los chapuzones y las barbacoas a orillas del lago Lemán son aspiraciones inalcanzables para el Manzanares o el estanque artificial de Casa Campo.

A los pies del lago Lemán y parapetado por las callejuelas medievales de su casco antiguo, Pulga trabaja como responsable de una pastelería que intenta concienciar sobre los problemas que traen consigo el desperdicio de alimentos.

De acuerdo con un último estudio del Gobierno helvético, el 25 por ciento del impacto ambiental relacionado con la alimentación es causado por el desperdicio evitable de alimentos. “Generamos empleo y concienciamos a la gente de la cantidad de alimentos que se tiran a la basura”, unas 963.000 toneladas, según este sondeo. “Estoy muy contento con lo que hago aunque no tenga mucho que ver con lo que estudié, Biología”.

“Vendemos productos que otras pastelerías no han conseguido vender el día anterior y que hubieran acabado en la basura. Nuestros precios son más bajos, así todo el mundo gana, el cliente que paga menos, la pastelería que recibe algo de dinero por lo que iba a tirar y nosotros, que lo evitamos”. 

En cuanto al rugby, Pulga defiende la camiseta del Albaladejo Rugby Club, uno de los tres equipos, en este caso con una denominación muy manchega, que se disputan las pasiones de los 200.000 habitantes de Lausana. El nombre es un homenaje al internacional Pierre Albadalejo, zaguero y una de las máximas figuras de Francia entre los 50 y 60. 

“El fundador del club le escribió en su momento para pedirle permiso para utilizar su nombre”, ha debido dar el visto bueno porque “ha venido a Lausana varias veces para vernos jugar”.

“Estamos en tercera, de cuatro ligas”, explica en un intento por hacernos comprender el complaciente sistema de competición suizo. “Los equipos de primera tienen la obligación de tener un segundo, hay un campeonato de conjuntos reservas que no suben ni bajan en función de sus resultados pero sí de los del primero. A efectos prácticos esto hace que solo los diez clubes de primera tienen un segundo y casi nadie sube o baja”.

“Nuestro último partido fue un amistoso contra el segundo equipo de otro club de Lausana que está en primera y les ganamos 5 ensayos a 3, por lo que el nivel de esos segundos es parecido al nuestro. Tenemos un buen grupo y esperamos pelear por subir a segunda la temporada que viene”.

No sabe cuánto tiempo le queda en Lausana, aunque aventura que todavía la cosa va para largo. Las cosas se mueven más por los cantones suizos que por tierras patrias, así que se consuela por el momento con alguna visita sorpresa como aquella que hizo tras el desconfinamiento, o con la posibilidad de que el XV le visite para compartir juego y cervezas con los él y el resto de muchachos del Albadalejo. 

Texto: Marcos Teixeira “Chef”

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