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Fotografía: Esteffi/ Pontevedra RC

Este fin de semana, las dragonas alzamos el vuelo a tierras más verdes -pero no menos grises- con la intención de cosechar, en tierras gallegas, la segunda victoria de la Liga de División de Honor B Femenina. Así, el domingo 7 de febrero tuvo lugar, en el Campo as Lagoas de Orense, el partido del XVH contra Pontevedra.

Al principio parecía como si la llovizna que nos recibió en el calentamiento (y que por suerte no se prolongó durante el partido) hubiera atenuado ese fuego que llevamos siempre encendido en el pecho; sin embargo no pudo extinguirlo del todo. Aún quedaban brasas encendidas que supimos avivar para lograr la ansiada victoria, y que ardieron con una fuerza especial en las dragonas que se estrenaban en la liga, las cuales hicieron un magnífico papel. ¡Felicidades!

El partido comenzó siendo una lucha de espejos enfrentados, pues en muchos momentos, el caos que se respiraba en el ambiente se iba reflejando en cada una de las 30 jugadoras que estábamos en el campo. En esta ocasión, romper aquel espejo no trajo mala suerte, sino los primeros puntos para el Hortaleza, con un ensayo apenas cuatro minutos después de empezar a jugar.

Quizá este comienzo tan optimista provocó que las dragonas pecáramos de un exceso de confianza, pues a pesar de que en la primera parte lográramos mantenernos casi todo el tiempo en la ofensiva y de que la terminásemos con un resultado de 26-0, no supimos aprovechar del todo el hambre y la agresividad que nos caracterizan.

La segunda parte nos dio una lección de realidad cuando el Pontevedra nos sorprendió con nuestra línea de defensa descolocada y ensayó con decisión. Sin embargo, lejos de venirnos abajo, apretamos los dientes, redoblamos la agresividad a la vez que manteníamos la cabeza fría y conseguimos ensayar dos veces más, acabando el partido con un 12-36 que nos daba además el ansiado bonus ofensivo.

Fue una victoria algo agridulce para las dragonas, conscientes de que la mezcla de desorganización, caos, nervios y desconcentración nos jugó malas pasadas durante el partido. A pesar de todo, hay que hacer de la adversidad virtud y seguir trabajando como equipo, pues gran parte del mérito de nuestra victoria lo tuvo la unión que se fue estableciendo entre todas las jugadoras dentro del campo (ya fueran “veteranísimas” o dragoncillas recién salidas del cascarón) y que se fue haciendo más y más estrecha a medida que pasaban los minutos. Y cuando empezamos a compenetrarnos, a mirarnos y a escucharnos es cuando empezamos a disfrutar y a ganar de verdad. Ahora toca seguir trabajando duro con la mirada puesta ya en el próximo partido. ¡Ánimo, Hortaleza!

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