Alcalá de la Selva (Teruel)
El viaje arrancó el viernes por la tarde, con las Khaleesis repartidas en varios coches rumbo a Alcalá de la Selva, dispuestas a conquistar uno de los torneos más singulares del rugby patrio: el ya mítico «Mal de Altura». A la llegada, el equipo se instaló en unas acogedoras cabañas de madera en un camping de la zona, primer contacto con el ambiente de montaña que ya prometía un fin de semana intenso.
La noche del viernes fue, sin discusión, una victoria anticipada. La logística, impecablemente organizada por la Khalesso Family, se tradujo en una barbacoa memorable. Mención especial a los parrilleros, auténticos artistas del fuego, que ofrecieron un festín espectacular. El frescor de la noche turolense acompañó la velada, creando ese ambiente perfecto de equipo donde se mezclan risas, historias y complicidad.
El sábado llegó con lo importante: el rugby. Las Khaleesis, único equipo 100% femenino placando del torneo, acudían con la firme intención de jugar su modalidad habitual, rugby con placaje. Sin embargo, la sorpresa (y no precisamente agradable) fue mayúscula al descubrir que habían sido encuadradas en la categoría de rugby touch. Bajón inicial… pero espíritu combativo intacto.
El escenario, eso sí, no podía ser mejor: un campo de césped natural junto al río, enclavado en un entorno espectacular en pleno corazón del pueblo. Quizá fue el cambio de modalidad o los nervios iniciales, pero el primer partido arrancó caótico: el equipo, «como pollo sin cabeza», fue claramente superado. Sin embargo, lo que define a este grupo no es cómo empieza, sino cómo reacciona.
Y reaccionaron.
Guiadas por la visión de Cani, el equipo fue adaptándose al touch: más velocidad —con Repi y Sueca disfrutando en campo abierto—, apoyos cercanos constantes de Rebe, Olga, Eder, Vane e Inés, y una buena capacidad de abrir huecos gracias a Cuca y Angie. El juego comenzó a fluir, y con él llegaron los ensayos, algunos de ellos memorables. Incluso hubo puntuales colaboraciones externas —Damien, Manolito y Asier— que aportaron ese toque extra de dinamismo. Eso sí, no faltaron las anécdotas: algún rival llegó a protestar alegando que teníamos «un hombre en el campo». Surrealista.
Pero no todo fue touch: gracias a la complicidad de los Añejos, un nutrido grupo de khaleesis se infiltró en el campo, dejando su huella a base de placajes y carácter. En la banda, el ambiente no decayó en ningún momento: el DJ de Vallekas animando, bebidas circulando sin descanso y una afición fiel que nunca falla. También hubo momentos más… domésticos: discusiones de pareja por selfies omitidos o repetidos hasta el infinito.
Entre anécdota y anécdota, algunas dignas de recuerdo eterno: la valla del campo truncando la bisectriz de Elías con consecuencias dolorosamente evidentes, o Mara improvisando un espectáculo a base de baile en pleno intermedio, con tanga incluido, para delirio del público.
Tras una sabrosa paella y una merecida siesta, el tiempo decidió añadir épica al torneo: lo que parecía una tormenta de verano se convirtió en cinco horas de lluvia intensa. Partidos restantes bajo la lluvia, «gordos a palos» cancelados y una reivindicación clara en el ambiente: «¡Queremos nuestros jamones!»
Lejos de venirse abajo, el equipo se recompuso tras una ducha revitalizante. La cena —pollo al chilindrón y tortillas veganas— devolvió la energía necesaria para encarar el último asalto: la fiesta en la plaza del pueblo. Allí, con carteles en mano dejando claras las situaciones personales de cada cual , las Khaleesis firmaron un cierre de torneo inolvidable. Éxito rotundo de las disponibles y noche para el recuerdo.
El «Mal de Altura» volvió a hacer honor a su nombre: deporte, convivencia, locura y montaña en estado puro. Y las Khaleesis, una vez más, demostraron que saben adaptarse, competir y, sobre todo, disfrutar.
El año que viene… quizá volvamos de incógnito.
Queremos dedicar unas líneas de agradecimiento a la organización del torneo «Mal de Altura», por hacer posible un fin de semana tan especial en un entorno inmejorable. Sabemos el trabajo que hay detrás y lo valoramos muchísimo.
Gracias de corazón a todas las personas que dan vida a este torneo: jugadores, jugadoras, staff y esa afición —presente y ausente— que siempre empuja. De verdad, nos dais la vida.
Nos vemos pronto. 💜



