Sábado por la mañana. Madrid amanece nublado pero al cambiar de comunidad aparece niebla espesa, de esa que parece salida de una película de misterio, pero nosotras solo tenemos un objetivo: conquistar León… o al menos intentarlo. Cuatro coches parten rumbo norte, cargados de ilusión, equipaciones y playlists que van del reguetón al heavy metal. El viaje promete.
En el trayecto, el coche de Person decide hacer una parada técnica en el club «Las Conejas». Menos mal que estaba cerrado. Otro coche, más sibarita, opta por una bodega y cata de vinos. Porque claro, ¿qué mejor preparación para un partido de rugby que un buen Rueda?
Llegamos a León y nos recibe un frío que se mete en los huesos, con humedad para dar y regalar. El campo está al lado del río, ideal para pescar truchas, no tanto para jugar rugby. Empezamos el calentamiento con las Leonas, que parecen más felinas que nunca. Hacemos ejercicios de fuerza y equilibrio… y varias Khaleesis pierden el equilibrio antes de empezar. ¿Mal presagio?
Los nuevos fichajes (Ice-Mar, Olga, Esther, Carol, Almu) tienen mariposas en el estómago, pero se plantan con entereza en el campo. Comienza el partido. Las Leonas son como estrellas fugaces: las vemos pasar, pero no conseguimos neutralizarlas. Nos falta verticalidad y profundidad; más que rugby, parece una coreografía horizontal. Rebe, nuestra medio melé, intenta poner orden, pero nos sentimos rebeldes. Angie, Pilongo, Cuca, Marta… destellos de maestría individual, pero no basta, sobre todo cuando Soto decide cambiar de equipo…Cuando logramos parar a alguna Leona, los placajes son sin piedad. Alguna Khaleesis sueña con ser la Pilongo voladora y casi se rompe la crisma.
Damien intenta mantener la compostura pero no puede evitar desesperarse, ¿Dónde están mis khaleesis? Person y Juan se muerden las uñas desde la banda.
Ice-Mar y Novi tejen jugadas magistrales… en sus cabezas. En el campo, la realidad es otra. Por el exterior, Repi, Almu y Marta están listas para volar hacia la línea de ensayo, pero los balones llegan en formato «melón de Villaconejos». Imposible hacer magia con eso. Inés, Esther y Olga se dejan la piel en defensa, Caroline zigzaguea con ganas de remontada, pero las Leonas están sembradas y nos dan un buen tute. Dracarys cambia de manos, Soto se lo lleva: ¡te lo mereces! (pobre bicho, será abandonada varias veces esa misma noche…)
Cuatro tiempos después, terminamos con la cabeza puesta en mejorar, pero felices porque el juego ha sido limpio. Da gusto recibir placajes así. La charla de capitanía en el vestuario nos resetea completamente. GRACIAS. Desde aquí sólo podemos mejorar.
Luego, cañitas y chupitos a morro en el campo, auténticos reconstituyentes. Tras quitarnos el barro, comida y karaoke con las anfitrionas. Intercambio de regalos y coros épicos con «Por eso vete» y «Redóblame otra vez».
La noche sigue en los bares del barrio húmedo. Las Khaleesis lo toman como otro partido y deciden darlo todo. Especial mención a las debutantes, que brillan tanto en el campo como en la pista de baile. Queda claro que nuestro vínculo se ha forjado fuerte: si alguien se atreve a tirar de la melena a una leona, rugimos todas. León no nos olvidará: gracias a Pilongo primero y Caroline, Rebe y Soto después, no queda bíceps ni pecho masculino sin tatuar nuestro sello.
No queremos terminar esta noche sin hacer alguna de nuestras competiciones nocturnas con y sin pijama. Person ejerce de directora de orquesta improvisada con trombón solista y mucha loca suelta. Juan da el soporte técnico. Ha ido un día redondo, o mejor dicho…ovalado.
Queremos dar las gracias a nuestras anfitrionas, las Leonas, por abrirnos las puertas de su casa. Gracias por invitarnos, por placarnos con tanto cariño y por demostrar que el rugby no solo une dentro del campo, sino también fuera de él. Estaréis de acuerdo con nosotras en que el partido lo habéis bordado pero el tercer tiempo claramente lo hemos ganado las Khalessis!!! Ha sido un auténtico lujo teneros como anfitrionas: por vuestra fuerza, vuestra hospitalidad y por hacer que este encuentro sea inolvidable. ¡Nos vemos en el campo!



